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Pastoral Vocacional
Los Misioneros del Verbo Divino te invitamos a caminar
dejándote conducir por JESÚS, escucha muy atentamente su
llamada, tal vez te necesita para una misión muy específica
en el mundo. Somos 6500 hombres sirviéndole a Dios en los cinco
continentes y en unos 70 países, porque para nuestra congregación
el mundo es nuestra parroquia, y si tu quieres ser parte de nuestra familia
misionera y universal, haz la siguiente reflexión y escríbenos.
DISCERNIMIENTO VOCACIONAL - 7 PASOS
Estas cinco líneas de pastoral vocacional son
propuestas de trabajo, que de una u otra forma nos puedan servir tanto
para enriquecer la comunidad parroquial y despertar vocacionales como
para enriquecer la animación vocacional de nuestra provincia. Cuánto
les agradecería por su acogida al respecto para que un día
pueda desarrollar este trabajo en su parroquia. Afectísimo
en Cristo. Jaime
1. Oración
¿Señor, qué quieres que haga? (Hch 22,10).
La vocación no es algo que tú inventas;
es algo que encuentras. No es el plan que tú tienes para tu vida
sino el proyecto que Jesús te propone y te invita a realizar. No
es principalmente una decisión que tú tomas sino una llamada
a la que respondes.
Si quieres descubrir tu vocación, dialoga con Jesús. Sólo
mediante la oración podrás encontrar lo que Dios quiere
de ti. En la oración, el Espíritu Santo afinará tu
oído para que puedas escuchar.
En el diálogo con Jesús podrás oír su voz
que te llama: «ven y sígueme» (Lc 18,22); o bien, escucharás
que te dice: «vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho
por ti» (Lc 8,39).
2. Percepción
Había en mi corazón algo
así como fuego ardiente, prendido en mis huesos y aunque yo hacía
esfuerzos por ahogarlo, no podía (Jr 20,9).
Para descubrir lo que Dios quiere de ti tienes que escuchar, mirar y experimentar.
Para esto necesitas hacer silencio interior y exterior; el ruido te impide
percibir.
Presta atención a lo que se mueve en tu interior: tus deseos, tus
miedos, tus pensamientos, tus anhelos, tus inquietudes, tus proyectos.
Escucha tanto a los que aprueban tu inquietud como a los que la critican.
Aprende a mirar a los hombres y mujeres que te rodean: ¿qué
te está diciendo Jesús a través de su pobreza, de
su ignorancia, de su dolor, de su desesperanza, de su necesidad de Dios?
Ve tu historia: ¿Por cuál camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles
han sido los acontecimientos más importantes de tu vida? ¿Qué
personas concretas han sido significativas para ti?, ¿por qué?
Contempla el futuro: ¿qué experimentas al pensar en la posibilidad
de consagrar tu vida a Dios? Tienes sólo una vida, ¿a qué
quieres dedicarla?
Ten cuidado en discernir si tu inquietud y la atracción que sientes
son signos de una verdadera vocación consagrada o son manifestaciones
de que Dios quiere que intensifiques tu vida cristiana como seglar.
Al dar este paso podrás decir: «Descubro que Dios quiere
algo especial de mí». «Siento la inquietud de consagrar
mi vida a Dios y al servicio de los demás».
3. Información
Observen ustedes cómo es el país y sus habitantes, si
son fuertes o débiles, escasos o numerosos; cómo es la tierra,
buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas;
cómo es la tierra, fértil o estéril; con vegetación
o sin ella (Nm 13,18, 20).
Los caminos para realizar la vocación consagrada son múltiples.
No basta con querer entregar tu vida a Dios y desear dedicarte al servicio
de tus hermanos. Es necesario saber dónde quiere Dios que tú
lo sirvas.
Para descubrir tu lugar en la Iglesia es conveniente que conozcas las
diversas vocaciones. Investiga cuál es la espiritualidad que viven
los sacerdotes diocesanos o las diferentes congregaciones religiosas;
y siente cuál de ellas te atrae. Ve cómo viven: no es lo
mismo una congregación contemplativa que una de vida apostólica.
Infórmate sobre cuál es su misión y por qué
medios pretenden realizarla: enseñanza, hospitales, dirección
espiritual, promoción vocacional, misiones, predicación
de ejercicios, medios de comunicación, etc. Conoce quiénes
son los principales destinatarios de su apostolado: jóvenes, pobres,
sacerdotes, enfermos, niños, seminarios, ancianos, etc.
Aunque ordinariamente cuando se experimenta la inquietud vocacional se
siente también el atractivo por una vocación específica,
vale la pena que dediques algunas horas a informarte más a fondo
sobre esa vocación y sobre otras.
Al dar este paso podrás decir: «Me atrae la espiritualidad,
el estilo de vida y el apostolado de esta congregación».
«Posiblemente Dios me está llamando a consagrarle mi vida
o a ingresar al seminario».
4. Reflexión
Si uno de vosotros quiere construir
una torre ¿no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si
tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo
terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo:
«Éste comenzó a edificar y no pudo terminar»
(Lc 14,28-30).
La vocación es una empresa demasiado grande, ¡y es para toda
la vida! Por eso no te puedes lanzar sin antes haber reflexionado seriamente
sobre ti y sobre la vida que pretendes abrazar.
Descubre cuáles son tus capacidades y limitaciones. Piensa si podrás
vivir las exigencias que implica la vocación —contando desde
luego con la gracia de Dios—. ¿En qué signos concretos
te basas para pensar que Dios te llama? ¿Qué razones en
favor y en contra tienes para emprender ese camino? ¿Qué
es lo que te atrae y qué lo que no te gusta de ese estado de vida?
Dios te pide que te comprometas responsablemente en el discernimiento
de su voluntad. Quiere que utilices tu inteligencia para buscar tu vocación.
Con la luz del Espíritu Santo podrás descubrir lo que Dios
quiere de ti.
No pienses que llegarás a tener certeza absoluta de lo que Dios
quiere de ti: algo así como tener un contrato firmado por él.
Lo que encontrarás serán signos que indican cuál
podría ser el proyecto que tiene para ti. Al descifrar esos signos
podrás tener certeza moral de su llamado. Yo tengo certeza absoluta
de que no puede haber un círculo cuadrado, y tengo certeza moral
de que la silla en la que estoy sentado no se va a romper. La certeza
moral es la que necesitas para actuar.
Al dar este paso podrás decir: «Creo que Jesús me
llama a seguirlo». «Creo que, con la ayuda del Espíritu
Santo, podré responder».
5. Decisión
Te seguiré vayas adonde
vayas (Lc 9,57).
Habiendo descubierto lo que Dios quiere de ti, decídete a seguirlo.
Tomar tal decisión es difícil. Sentirás miedo. Tus
limitaciones te parecerán montañas: «¡Ay Señor
mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho» (Jr
1,6). Sin embargo, a pesar de tus limitaciones —o mejor, con todas
ellas— responde como Isaías: «Aquí estoy, Señor,
envíame» (Is 6,8).
Decir el «sí» con el cual comprometes toda tu vida
es una gracia. Pídele al Espíritu Santo que te dé
esa capacidad de respuesta. No afrontar la decisión equivale a
desperdiciar tu vida.
Para iniciar el camino de la vocación no esperes tener certeza
absoluta de que Dios te llama (“el contrato firmado”); te
basta la certeza moral. La decisión es un paso en la fe; es un
acto de confianza en tu amigo Jesús.
Al decidirte a seguir radicalmente a Jesús es normal que tengas
dudas de si podrás con las exigencias y si llegarás al final.
Pero de lo que no puedes dudar es de lo que tú quieres.
Al dar este paso podrás decir: «Quiero responder a la llamada
de Jesucristo». «Quiero consagrar mi vida a Dios». «Quiero
servir a mis hermanos». «Quiero ingresar en esta congregación
religiosa». «Quiero ser sacerdote».
6. Acción
Jesús los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron (Mt 4,21-22).
Una vez tomada la decisión, ¡lánzate! No te dejes
vencer por el miedo; lánzate con miedo.
Pon todos los medios que estén a tu alcance para realizar lo que
has decidido. No cedas a la tentación de diferir tu ingreso a una
casa de formación: «Te seguiré, Señor; pero
déjame primero…» (Lc 9,61).
Con tu decisión has comprometido todos los momentos posteriores;
en el futuro busca cómo ser fiel. La única manera de realizar
el proyecto de Dios es la fidelidad de cada día: vivir todo momento
en coherencia con lo decidido; dirigir cada paso hacia la meta.
¿Y cuando venga la dificultad? ¡Perseverar! El camino que
emprenderás es difícil; más de lo que ahora crees.
Prepárate para la lucha; deberás enfrentar problemas y superar
obstáculos. Jesús te dice: «El que quiera acompañarme,
que renuncie a sí mismo, que cargue cada día con su cruz
y me siga» (Lc 9,23).
El sendero es arduo, pero María te acompaña y el Espíritu
Santo te fortalece para que puedas recorrerlo. Además, no se trata
de cargar hoy la cruz de toda la vida sino sólo la de hoy; y así
cada día.
Al dar este paso podrás decir, como Pedro: «Nosotros lo hemos
dejado todo y te hemos seguido» (Mc 10,28).
7. Dirección espiritual
Levántate y vete a Damasco,
allí se te dirá todo lo que está establecido que
hagas (Hch 22,10).
La dirección espiritual no es, en realidad, un paso más
en el proceso de discernimiento vocacional; es un recurso que puedes aprovechar
en cada uno de los pasos anteriores.
El director espiritual te motivará a orar y a percibir los signos
de la voluntad de Dios; te indicará dónde obtener la información
y te ayudará a reflexionar. En el momento de la decisión
se alejará de ti para que tú frente a Jesús libremente
respondas a su llamado. Te ayudará a que te prepares convenientemente
para ingresar en una casa de formación.
Si bien es cierto que la vocación es una llamada de Dios que nadie
puede escuchar por ti ni responder a ella en tu lugar, también
es verdad que necesitas de alguien que te acompañe en tu discernimiento
vocacional.
Es fácil hacerse ilusiones: podrías creer que es un llamado
de Dios lo que tal vez sea sólo un deseo tuyo, o bien podrías
pensar que no tienes vocación cuando en realidad Dios te está
llamando. Dialoga con tu director espiritual para clarificar la autenticidad
de tu vocación.
Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el
camino de Damasco, le dijo que fuera con Ananías, y que éste
le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo
hubiera podido decirle a Pablo lo que esperaba de él, quiso valerse
de Ananías para hacerle descubrir su vocación (cf Hch 22,10-15).
En el discernimiento del proyecto de Dios sobre ti no puedes prescindir
de la mediación de la Iglesia.
* * * * *
Descubrir tu vocación no es fácil, pero
tampoco es imposible. Si con sinceridad te pones a buscar la voluntad
de Dios y realizas los pasos que aquí te sugiero, creo que podrás
encontrarla.
De muchos modos Dios te está revelando la manera como quiere que
colabores en la instauración de su Reino. Él es el más
interesado en que tú descubras y realices tu vocación. Por
eso haz oración, dialoga con el promotor vocacional, o con el misionero
del Verbo Divino más cercano a ti, percibe, infórmate, reflexiona,
decídete y actúa.
Si te sientes llamado a servirle a CRISTO como Misionero del Verbo Divino,
te invitamos a caminar con nosotros
Y envíanos la siguiente
información:
DATOS PERSONALES
Lugar y fecha de nacimiento
Estudios realizados
Ocupación actual
Dirección
Teléfono
Celular
E-mail
¡TE
ESPERAMOS!
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